POESIA NARCÓTICA

Tenia por seguro que poeta no iba a ser.
La primera vez que me encontré frente a un papel y un lápiz, 
fue un acontecimiento tan lejano que no tiene sentido tratar de recordarlo.
Seguramente tenia desnuda el alma y el corazón debatiéndose por el amor, 
pues es en esos momentos cuando me animo a escribir. 

Después de muchos años la escritura sigue seduciéndome con su caminar, 
aunque sin desearlo las responsabilidades del día a día hacen que mi mano ya no sea la mejor amiga de la pluma. 
Ahh, pero como la extraña.
Lo puedo sentir cuando vuelvo a intentarlo, 
los músculos tensados, los dedos congelados.
El deseo asesino de escribir, la mente tan llena de pensamientos, 
las manos tan llenas de dudas. 

Escribir es como una droga para mi, 
la necesito para sentirme mejor y no enloquecer con mis sentimientos 
encerrados en mi pecho y queriendo salir. 
Cuando vuelvo a tomar el viejo lapicero, tiembla de emoción, 
es quizás el calor de mis dedos que lo hace sentir vivo, 
o puede ser el poder que su tinta encierra, que me hace temblar a mi con locura y ansiedad. 


Volver a escribir es respirar con profundidad y llenar mis pulmones. 
Es elevar la mirada, salir volando por la ventana. 
Es verdad, el papel lo aguanta todo, en mis escritos puedo crear mundos extraños, 
mucho mas interesante que el mundo real. 
Entre las letras me puedo refugiar. 
En ellas puedo descansar mi alma  y mis pensamientos pueden correr. 
Escribir es mi droga, así como el dibujo es mi adicción, así como la música es mi calmante. 

Diana C Ramírez B

Comments

Popular posts from this blog

LA CONDENA DEL POETA.

LOS TREINTAS

PARA LOS SOÑADORES DEMENTES